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Seis cuentos en busca de la gramática correcta
by Nancy Meredith
 

I wrote these pieces for a Spanish class at The University of Texas in 1996. I’m still searching.

Seis cuentos en busca de la gramática correcta

La foto que nunca saqué ~ Pedaleando en la mitad del mundo ~ La carrerra ~ Una sociedad de automóviles ~ Los inca ~ En busca de la gramática correcta

 

La foto que nunca saqué

Era una mañana clara y los colores del mercado eran, como siempre, brilliantesamarillos, rojos, naranjas, verdes de varias tonalidades. Aún los colores de moreno, negro y blanco eran más alegre bajo la luz ecuatorial. Todo parecía un poco surreal tan cerca al cielo.

Las compradoras caminaban sin prisa entre los vendedores, de vez en cuando regateaban sobre los precios y de vez en cuando compraban las mercancías a un precio bajo. Las mujeres de la ciudad llevaban canastas para transportar papas, maíz, tomates, arroz, masa y otros comestibles. Las campesinas llevaban llikllasmantas que sirven muchas funciones, incluyendo el transporte de los niños.

Caminaba por esta escena de ensueño hasta que fui despertada por un drama improvisado y completamente abstraído de la atención de los espectadores. Dos niñas pequeñas vestidas en el estilo de las indígenas habían captado la atención de todo alrededor. Las dos llevaban faldas amplias de color azul. Cada niña llevaba el pelo en una trenza larga pendiendo por la espalda como un río negro a través de su blusa blanca. Las blusas tenían un bordado muy fino de colores alegres en las mangas y alrededor de los cuellos. Sobre todo llevaban llikllas rojas por los hombros, y en las cabezas los sombreros negros del estilo “fedora” que, por lo general, llevan todos los campesinos de la región. Tenían la estatura de niños de las edades de tres y cinco en los Estados Unidos, pero en realidad es probable que tuvieran unos siete y nueve años.

Claro, no es extraordinario ver dos chicas vestidas así en el mercado. Lo que había captado la atención de todos era sus esfuerzos por poner un cachorro en la lliklla de la niña menor. Desafortunadamente para las niñas, tenían un cachorro muy activo y, por su pelo, muy suave, resbaladizo. La niña mayor extendió la lliklla en la espalda de la menor mientras que la menor se torció el cuerpo para ver lo que estaba pasando. Lo que pasaba, prueba tras prueba, era que el cachorro se escapaba de la lliklla. Las caras de las niñas llevaban expresiones de determinación y paciencia, con los labios cerrados con concentración y los ojos fijados sólo en su trabajo. Nunca miraron a los adultos circundantes para ayudarles.

Intercambié sonrisas y miradas con los otros espectadores y estaba con emociones mezcladas que yo miraba a las niñas. Como viajera, lamenté que en esa mañana había salido de mi hotel sin cámara. Pero al mismo tiempo, me di cuenta que sacar una fotografía cambiaría mi papel en la escena. Sin cámara, era sólo una de las mujeres en el mercado no más. No era extranjera afuera de la escena. Hoy, después de cinco años, estoy muy contenta de que no pudiera sacar esa fotografía. No la necesito porque todavía, sin foto, la escena sigue muy fuerte y preciosa en la mente y en el corazón.

 

Pedaleando en la mitad del mundo

Yo tenía mucha sed y no había visto ninguna tienda ni casa desde hacía unos diez kilómetrosnisiquiera más de dos o tres coches. El paisaje alrededor era salvaje, marcado sólo por cerros, plantas espinosas y piedras. Yo estaba sola en el páramo en el norte de Ecuador y el sol del mediodía me calentaba con el aliento de un dragón anciano. Parecía que yo era la única persona en el mundo.

Repetidas veces caminaba con la bicicleta porque las colinas eran muy empinadas y la bicicleta, que pertenecía a un amigo, no tenía muchos engranajes. Yo buscaba el pueblo de Urcuquí siguiendo las direcciones en un mapa, pero no tenía éxito. Por fin, encontré a un hombre caminando con un burro y le pregunté,

¿Está cerca Urcuquí?

Sonriéndose, él me contestó, ¡Sí, sí! ¡Sigue!

Yo seguí. Monté la bicicleta cuando el camino iba cuesta abajo por un ratito y la frescura del viento en la cara y por el pelo me dio nueva energía. Pero era energía que se fue rápidamente en la próxima subida. Sabía que sería tonto seguir el camino sin agua y, por la primera vez en mi vida de cincuenta años, hice autostop. Con el tiempo vino una camioneta sin pasajeros. ¡Perfecto! pensé mientras extendía el pulgar. La camioneta no paró.

Continué mi vigilia y vi como un espejismo una nube de polvo en la distancia. La nube se hizo un taxi ya con cinco personas. No era una alucinación. Era un verdadero taxi con tres personas en el asiento atrás, el taxista y su esposa de gran tamaño en el frente, y un sonriente Buda en la consola. Con poco optimismo, pregunté al taxista, ¿Hay espacio para mí adentro?

Él declaró con una sonrisa muy grande que era bastante espacio en el taxi.

¿Hay espacio para la bicicleta también? agregué incrédulamente.

Sí, sí! Claro se reía mientras reordenaba las cosas en el baúl. Con la bicicleta más o menos segura en el baúl e yo misma muy bien segura entre la esposa del taxista y la puerta del coche, me acordé de que el espacio es relativo.

Charlando y riendo con los otros todo el camino hacía Ibarra, el origen de mi aventura, no pude decidir si me sentía como una personaje en una película de Fellini o en una de Buñuel. Los cuarenta kilómetros se fueron muy rápidamente y cuando llegamos al centro no tenía nada de sed ni cansancio.

Me despedí de mis nuevos amigos, pagué el taxista y monté la bicicleta con el corazón alegre. Aunque yo nunca encontré el pueblo de Urcuquí, de nuevo me maravillaba de las sorpresas que trae la vida.

 

La carrerra

Este cuento trata de un día sorprendente que ocurrió en el otoño hace casi un año. En ese día Fred (mi marido) e yo disfrutábamos de una gira por bicicleta desde la ciudad de Del Rio, Texas, a través del puente internacional por Ciudad Acuña, México. Nos encanta la idea de cruzar fronteras por bicicleta. Íbamos tranquilamente por los maquiladores hacia Lago Amistad sin ningún plan en particular. Después de unos kilómetros la carretera se hacía aburrida y yo quería explorar otras partes.

¡Mira! sugeríEsta calle parece interesante. Vamos a explorarla.

No creo que sea una buena idea Fred protestó. No sabemos adónde va.

¡Precisamente! Podría algo interesante, y si no nos gusta la calle, podemos regresar a la carretera.

Doblamos a la izquierda, y después de dos cuadras nos encontramos a un policía que indicó que nos acercamos. Cuando lo hicimos, él manejó su coche adelante por el camino muy despacio. Paramos. El policía nos llamó con señas nuevamente. Nos acercamos, y otra vez él movió el coche. Por fin nos dimos cuenta que el policía quería que segamos su coche.

¿Adónde nos lleva? Fred me preguntó, aunque los dos sabíamos que era una pregunta inútil.

No sé respondí. Es posible que nos lleve a la cárcel agregué, mientras que yo esperaba muy fuerte que no fuera la verdad.

Entonces ocurrieron unos eventos muy curiosos. Nos pasó un ciclista. Hacia la otra dirección pasó un coche con dos bicicletas encima. Vimos más ciclistas adelante en el camino. Todo se hizo claro cuando nos encontramos en medio de muchas felicitaciones y aplausos en la línea final de una carrera de ciclismo. Era la Carrera de Amistad Internacional con ciclistas de los Estados Unidos y México.

Parece que el policía había pensado que éramos contendientes en la carrera y no quería que nos perdiéramos. Él servía como nuestro guía personal hacia el final. Claro, no ganamos la carrera, pero como invitados de los organizadores, nos pasamos bien la fiesta de los ganadores y la coronación de la Reina de Amistad Internacional. Volvimos a nuestro hotel bien satisfechos con los eventos del día y muy contentos de que no nos hubiéramos acostados en una cárcel mexicana.

 

Una sociedad de automóviles

Esta lectura repasa la influencia de los automóviles en la estructura de la sociedad de los Estados Unidos (EEUU). Siempre que se piensa en los EEUU se piensa en los automóviles porque esta es una sociedad enlazada por las carreteras y dominada por los vehículos de motores.

Es conveniente hacer nota de dos razones para este fenómeno. Primero, en muchos casos el automóvil sirve como una extensión de la personalidad del chofer. El coche personal da un sentido de poder en un mundo marcado por los desazones. Por el valor, poder y velocidad del coche se muestra fuerza e importancia personal.

Segundo, hay que tener presente que, diferente del caso de otros países del mundo, en los EEUU los automóviles y la gasolina son fácilmente disponibles y relativamente baratos. Como consecuencia no sólo se acaban los recursos naturales y se contamina el aire, sino que también se multiplica la cantidad de automóviles en los caminos. A causa de la gran cantidad de automóviles se construyen más carreteras y se destruye más el medio ambiente.

En realidad, lo que parece una ventaja para la sociedad la daña. Por la red de carreteras bien desarrollada se esparcen los lugares que se visita. No es raro vivir lejos del centro, del trabajo, de los amigos ni de parientes. Por consiguiente, se viven vidas divididas y se existe más que nunca en y por los automóviles.

Resumiendo brevemente, es un círculo autoperpetuado. Mientras más automóviles haya, más importantes se hacen en la vida diaria. Al fin y al cabo la sociedad de automóviles pierde la cohesión de los barrios, la calidad del medio ambiente y el tiempo precioso con la familia. Se pasan los días en cajas de acero y vidrio.

 

Los inca

La civilización incaico de las montañas de Bolivia, Perú y Ecuador en América del Sur representaba una maravilla de gobierno, comunicación y construcción. Todavía se ve la herencia de los inca aún se conquistó por Francisco Pizarro de España en el año 1532. Se dice que el imperio de los inca empezó cerca del año 1200 cuando las tribus quechua vencieron otras tribus menos fuertes. Se unieron todos bajo un rey poderoso y con el tiempo había 12 millónes de los inca por unas 2.500 millas de los Andes. Esta gran civilización se unía por un rey, un idioma y un sistema de transporte y comunicación muy eficiente.

El rey, que mantenía su capital en la ciudad de Cuzco, Perú, se llamaba el Inca. Luego, el nombre <<inca>>, que quiere decir <<niños del sol>> significaba todo el pueblo. Los inca adoraban el sol y creía que el rey y su esposa eran dioses adamás de ser humanos. El imperio constistía en una red de funcionarios públicos de varios niveles hasta el nivel de la familia. Este sistema de gobierno tenía éxito por el desarollo de un sistema de comunicación muy potente.

Desde el principio, el idoma conocido como quechua se enseñaba a cada tribu conquistada. Quechua es un idioma más o menos sencillo, construido por la mayor parte de palabras de raíz con sufijos y prefijos. Todos los inca en cualquiera parte del imperio compartían este idioma para facilitar comunicación sobre el comercio, las tareas de cada persona, y los costumbres religiosos. Es un idioma todavía muy común en los paises andinos.

Sin caballos, los inca viajaban por todos partes del imperio por un sistema de mensajero, parecido a una carerra de relevos de hoy día. Construían caminos que todavía se usa para caminar. Habían casas de descansar (tambos) en varios lugares en los caminos, y un mensajero, llamado <<chaski>>, corría desde un tambo hasta el próximo. Entonces otro chaski continuaba con el mensaje. Los inca son famosos por sus edificios tan bien construidos que es imposible insertar una hoja entre las piedras. Machu Pichu en Perú es el sitio incaico más famoso y se visita por miles de personas cada año.

Hoy día la vida de esta gente muy emprendedora ha sido destruida. En nuestro mundo moderno se trata a sus descendientes como ciudadanos de la segunda clase en vez de los niños del sol que son.

 

En busca de la gramática correcta

La búsqueda de la gramática correcta representa para mí, una búsqueda sin fin. Lo que parece bien entendido se me escapa si no lo vigilo en cada momento. Es igual a un esfuerzo de coger una nube o hallar el fin de un arco iris. ¡Qué pena!

Es mi sueño que un día sabré el género de cada sustantivo sin pausa. Además, ojalá que el día venga en que siempre escoga la mejor palabra sin pensar y sin la ayuda del diccionario. Sin embargo, aunque sepa todos los sustantivos perfectamente, no es suficiente. Hay que decidir si cada uno necesita el artículo definido. No se usa, por ejemplo, con los nombres de las lenguas, lo cual es una regla bastante clara. No obstante, la regla cae si el nombre de la lengua sigue un verbo de enseñanza o de comunicación escrita o además si sigue ciertas preposiciones. Eso representa sólo un ejemplo entre muchos. ¡Qué aturdimiento!

La lucha continua con los verbos. No sirve sencillamente ser. Tengo que pensar en si soy o estoy. Hay que ser filósofa para saber la esencia del estado y la función del verbo en el sentido de la comunicación. ¡Qué rompecabezas!

Es bastante difícil hablar en el presente, pero cuando quiero relatar algo que pasó ayer es necesario decidir si hablo de algo que terminó ayer o de algo que todavía no se acaba. ¿Hablo de algo que hice sólo una vez o de una rutina habitual? ¿Hablo de un estado emocional o de un cambio de un estado emocional? ¡Qué misterio!

Tengo miedo que las alternativas eternas se queden conmigo para siempre: por o para, ser o estar, pretérito o imperfecto, masculino o feminino. Con todo, la situación podría ser peor ¡yo podría ser estudiante de inglés!

©1996 Nancy Grona Meredith

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